
SANTO DOMINGO (Noticia.do) El economista Jaime Aristy Escuder advirtió este lunes que la República Dominicana enfrenta un riesgo real de estanflación —estancamiento económico con inflación simultánea— como consecuencia del choque petrolero derivado de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y planteó que evitar ese escenario requerirá sacrificios inmediatos, incluyendo ajustar los precios internos de los combustibles y redirigir los subsidios hacia los hogares más pobres.
El análisis fue expuesto durante el programa Enfoque Final, que se transmite de lunes a viernes de 9:00 a 10:00 de la noche por CDN, canal 37.
RD, entre los más vulnerables al alza del crudo
Aristy Escuder señaló que los países importadores netos de combustibles, como República Dominicana, son los más expuestos al encarecimiento del petróleo y a la reducción de su disponibilidad en los mercados internacionales. La isla importa el cien por ciento de los combustibles que consume, lo que la deja sin capacidad de fijar precios y la expone directamente a cualquier sacudida en el mercado global.
Las importaciones de hidrocarburos representan alrededor del 3.8% del PIB dominicano, porcentaje que podría escalar hasta niveles como el 7.6% registrado entre 2011 y 2013, cuando el WTI superó los 95 dólares por barril. En el escenario actual, el crudo ya ronda los 100 dólares, y el WTI llegó a superar momentáneamente ese umbral, muy por encima de los 65 dólares sobre los que fue calculado el presupuesto nacional.
El economista precisó que la estanflación —una combinación letal de recesión e inflación que los países en desarrollo difícilmente pueden combatir con política monetaria convencional— ya ha comenzado a manifestarse en naciones asiáticas de ingreso medio que dependen del crudo del Golfo Pérsico. En esos mercados, el teletrabajo, la educación virtual y el cierre temporal de actividades productivas se han convertido en respuestas de emergencia.
El subsidio generalizado: un escudo que protege a quienes menos lo necesitan
El punto más incisivo del análisis de Aristy Escuder apunta a una contradicción en la política de subsidios vigente: el esquema actual, diseñado para amortiguar el impacto en todos los consumidores, termina beneficiando principalmente a los hogares de mayores ingresos, que son quienes más combustible consumen.
El presidente Luis Abinader anunció la reasignación de cerca de 10,000 millones de pesos para enfrentar la crisis sin aumentar el gasto total, y reconoció que habrá presiones en tarifas eléctricas, costos de transporte y precios de alimentos. Aristy Escuder coincide con la dirección del Ejecutivo, pero va más lejos: esos recursos deben entregarse directamente a los hogares pobres, lo que implica eliminar el subsidio generalizado actual.
El encarecimiento del crudo ya elevó el subsidio semanal a 1,190 millones de pesos, aun después de un aumento de cinco pesos por galón en gasolinas y gasoil, un nivel que presiona las finanzas públicas porque el presupuesto no contempla recursos suficientes para sostener esa magnitud por más de dos meses.
La propuesta del economista tiene una lógica fiscal clara: mantener el subsidio generalizado es caro e ineficiente; focalizarlo en los vulnerables es más barato y más justo. El presidente Abinader abordó el tema con criterio correcto, dijo Aristy Escuder, al reconocer que la coyuntura exige sacrificios presentes para evitar costos mayores en el futuro.
Qué se espera en las próximas semanas
El Banco Central enfrenta la disyuntiva de no poder aplicar política monetaria expansiva sin arriesgar el anclaje de las expectativas de inflación, por lo que se anticipa que la tasa de interés se mantenga en 5.25% en la reunión de política monetaria de finales de marzo.
La evolución del conflicto en Medio Oriente determinará la trayectoria del precio del crudo. El gobierno dominicano monitorea semanalmente el mercado petrolero y ajusta su política de subsidios según la evolución geopolítica, con ingresos extraordinarios —como el alza del oro y mayor recaudación tributaria— como margen de maniobra fiscal.
Lo que República Dominicana no tiene hoy, señaló Aristy Escuder, es lo que tuvo en otras crisis: el azúcar cara de los años setenta o el Petrocaribe venezolano de los dos mil. Esta vez, el país enfrenta el choque petrolero solo, con sus propios amortiguadores —reservas internacionales superiores a los 16,000 millones de dólares y finanzas públicas relativamente sólidas— y con la necesidad de tomar decisiones que, aunque impopulares, pueden definir si la economía dominicana atraviesa la tormenta o se hunde en ella.
