SANTO DOMINGO.- (Noticia.do) La República Dominicana no es solo tierra de peloteros. Durante casi dos siglos, sus escritores han puesto el nombre del país en las aulas universitarias de Boston, en las librerías de Nueva York y en los premios literarios más importantes del mundo. El 23 de abril, Día Internacional del Libro, es la fecha exacta para recordar quiénes son y qué han escrito.

La literatura dominicana tiene cinco figuras históricas sin las cuales no se entiende la identidad nacional, y una generación contemporánea —parte de ella radicada en Estados Unidos— que escribe en inglés pero piensa, siente y narra en dominicano.

Escritores dominicanos históricos: los que pusieron los cimientos

Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897) fue la primera. Poetisa y educadora, fundó el primer instituto de educación superior para mujeres en República Dominicana. Su obra recorre tres ejes: el patriotismo, el amor a la tierra y la reivindicación de la mujer. Murió de tuberculosis a los 46 años. Está enterrada en el Panteón de la Patria. Es considerada por amplio consenso académico la escritora más importante que ha dado el país.

Cuatro de sus hijos —Francisco, Pedro, Max y Camila— se convertirían en figuras de las letras hispanoamericanas. El mayor en proyección internacional fue Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), humanista, ensayista y crítico literario que vivió la mayor parte de su vida fuera del país —en México, Argentina, España— sin perder jamás el hilo dominicano. Sus trabajos sobre el idioma y la literatura hispánica son referencia obligatoria en universidades de todo el continente.

Juan Bosch (1909-2001) es el nombre que más resuena en la memoria colectiva dominicana: político, presidente de la República en 1963 y el maestro indiscutible del cuento dominicano. Sus colecciones Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio lo ubican junto a Miguel Ángel Asturias y Arturo Uslar Pietri en el tríptico de narradores caribeños precursores del realismo mágico. Su novela La mañosa (1936) sigue siendo lectura obligatoria en las escuelas del país.

Pedro Mir (1913-2000), nacido en San Pedro de Macorís, es el poeta nacional de la República Dominicana. Su poema Hay un país en el mundo (1949) es el texto lírico más citado de la literatura dominicana moderna. Ejerció el magisterio, estudió derecho y publicó sus primeros versos en el Listín Diario en 1937.

Manuel del Cabral (1907-1999) nació en Santiago de los Caballeros y es junto al puertorriqueño Luis Palés Matos, el aimé Cesaire y Nicolás Guillén una de las voces fundamentales de la poesía negrista latinoamericana. Su poema Compadre Mon lo consagró en las antologías del continente.

Escritores dominicanos contemporáneos: entre dos idiomas y dos mundos

La segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI produjeron una generación de escritores dominicanos que viven en Estados Unidos, publican en inglés y son estudiados en las universidades más exigentes del mundo.

Marcio Veloz Maggiolo (1936-2021) es el novelista dominicano más traducido: inglés, italiano, francés y alemán. Arqueólogo, ensayista y narrador, ganó en París el premio al mejor libro extranjero de cuentos en 1988 por su obra Vers le port d’origine, galardón otorgado por la Fundación Cultural Francesa.

Junot Díaz nació en Santo Domingo el 31 de diciembre de 1968. Emigró a Nueva Jersey en 1974. En 2008 ganó el Premio Pulitzer de Ficción con The Brief Wondrous Life of Oscar WaoLa maravillosa vida breve de Oscar Wao en español—, convirtiéndose en el primer autor de origen dominicano en obtener ese galardón. Su escritura mezcla el inglés con el español, el humor con la historia de Trujillo, la vida cotidiana de los barrios de New Jersey con la memoria del Cibao. Enseña escritura creativa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Julia Álvarez nació en Nueva York el 27 de marzo de 1950, hija de padres dominicanos que huyeron del régimen de Trujillo cuando ella tenía 10 años. Novelista, poetisa y ensayista, publicó su primera novela How the García Girls Lost Their Accent en 1991. Su obra In the Time of Butterflies —sobre las hermanas Mirabal— se convirtió en referencia internacional sobre la dictadura trujillista. En 2014, el entonces presidente Barack Obama le entregó la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos.

Existe entre Junot Díaz y Julia Álvarez un dato que ningún artículo de lista estándar recoge: investigaciones genealógicas publicadas en 2025 establecen que ambos descienden de una misma raíz cibaeña —representada por Juan Tineo Gil y Simona Grullón— tras diez generaciones. Los dos dominicanos más influyentes en la literatura estadounidense contemporánea comparten, además de la experiencia migratoria, un tronco familiar del Cibao.

Andrés L. Mateo es el escritor contemporáneo más galardonado dentro de la isla. Poeta, ensayista y novelista, ganó el Premio Nacional de Literatura en 2004. Su obra gira en torno a la dictadura trujillista y al impacto de esa historia en la identidad dominicana.

¿Cómo afecta esto a los dominicanos en el exterior?

Para la diáspora dominicana en Nueva York, Nueva Jersey, Boston, Miami y Filadelfia, la obra de Junot Díaz y Julia Álvarez no es solo literatura: es el espejo en el que se reconocen dos generaciones de inmigrantes. Drown de Díaz, publicado en 1996, narra la vida de jóvenes dominicanos creciendo en New Jersey con una precisión que ningún otro escritor había logrado hasta entonces. How the García Girls Lost Their Accent de Álvarez refleja exactamente la experiencia de haber crecido entre dos culturas sin pertenecer del todo a ninguna.

Ambos libros forman parte de los planes de estudio de escuelas públicas y universidades de Nueva York y Nueva Jersey. Para un hijo o nieto de dominicanos que creció en el Bronx o en Paterson, leer a Díaz o a Álvarez es encontrar su historia escrita por primera vez.

El legado acumulado de estos diez escritores abarca desde el siglo XIX hasta el presente: poesía, novela, cuento, ensayo, Premio Pulitzer, Medalla Nacional de las Artes y traducción a cuatro idiomas. La República Dominicana exporta peloteros a las Grandes Ligas. También exporta escritores que cambian el canon de la literatura en inglés desde Nueva Jersey y Vermont.