CINCINNATI.- (Noticia.do) El 4 de abril de 2003, en el Great American Ball Park de Cincinnati, Sammy Sosa conectó su jonrón número 500 de por vida ante el relevista Scott Sullivan, de los Rojos de Cincinnati, convirtiéndose en el primer latinoamericano en alcanzar esa cifra en la historia de las Grandes Ligas de Béisbol. Tenía 34 años. Venía de tres temporadas consecutivas con más de 60 cuadrangulares. Y aquel bombazo por el jardín derecho, en la séptima entrada, no era solo un número: era una frontera que ningún pelotero nacido en América Latina había cruzado antes.

El "Bambino del Caribe", nacido en San Pedro de Macorís el 12 de noviembre de 1968, se convirtió ese viernes en el jugador número 18 de toda la historia del béisbol mayor en llegar a los 500 jonrones. Fue en la parte alta de la séptima entrada, con cuenta de una bola y dos strikes, enfrentando a Sullivan con su equipo perdiendo 6-8, cuando Sosa envió la pelota al segundo nivel del Great American Ballpark por todo el jardín derecho.

Al cruzar el plato, alzó los dedos al cielo.

¿Qué logros tiene Sammy Sosa en su carrera?

Sosa es el único jugador en la historia de las Grandes Ligas con tres temporadas de más de 60 cuadrangulares. Acumula siete Juegos de Estrellas, seis Bates de Plata, dos lideratos de jonrones y el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1998.

Ese año, 1998, fue la consagración global. Sosa y Mark McGwire protagonizaron la "carrera de los jonrones" más seguida en la historia del béisbol moderno. Sosa terminó la temporada con 66 cuadrangulares, cuatro menos que McGwire, y fue elegido MVP de la Liga Nacional. El jonrón no era solo atletismo; era identidad nacional. Cada vez que Sosa saltaba y besaba dos dedos hacia las cámaras, millones de dominicanos se reconocían en ese gesto.

Su carrera en MLB duró 18 temporadas, de 1989 a 2007. Al retirarse acumuló 609 jonrones, 1,667 carreras impulsadas, 2,408 hits para un promedio de por vida de .273 y un porcentaje de slugging de .534. Es el jonronero histórico de los Chicago Cubs con 545 vuelacercas.

Antes de Chicago, Sosa jugó en la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana. Durante ocho campañas representó a los Leones del Escogido. Debutó en 1987 con la divisa escarlata, incluso antes de su estreno en Grandes Ligas en 1989, y ganó cuatro campeonatos con el conjunto melenudo.

Por qué Sammy Sosa no está en el Salón de la Fama

Los números de Sosa lo llevan a Cooperstown sin discusión. La sombra que lo mantiene afuera tampoco tiene prueba definitiva.

En 2003, Sosa fue expulsado de un partido con los Cubs al ser descubierto usando un bate con corcho. Las Grandes Ligas probaron y confiscaron otros 76 bates suyos; todos resultaron estar limpios. Cinco bates que Sosa había enviado al Salón de la Fama también pasaron la prueba.

El otro señalamiento es el doping. En 2009 se filtraron resultados de una prueba anónima de 2003 que supuestamente incluyó su nombre. La controversia cerró las puertas del Salón de la Fama, donde su máximo respaldo en las votaciones apenas alcanzó el 18.5% en 2022, su último año de elegibilidad en la boleta de la BBWAA.

Desde entonces, su caso recae en los Comités de Era. La puerta no está cerrada.

El propio Sosa respondió con ecuanimidad: "Quiero ser un Salón de la Fama en el cielo, no en la tierra. Con mi paz soy feliz; si pasa, bien, si no, soy feliz. Mis números nunca se borrarán de la pizarra."

La herencia: de Sosa a los peloteros dominicanos de hoy

La marca de Sosa abrió un camino que otros dominicanos completaron. Albert Pujols alcanzó los 500 jonrones en 2014 y llegó a 700 antes de retirarse. David Ortiz superó la cifra en 2015. Los tres, junto a Alex Rodríguez, son los únicos dominicanos en conectar 600 jonrones o más en la Gran Carpa.

Hoy, Juan Soto, el jardinero izquierdo de los Mets de Nueva York con contrato de US$765 millones, lleva el nombre dominicano en el béisbol moderno. Manny Machado, Ronald Acuña Jr., Julio Rodríguez — la lista de estrellas criollas en activo es la más larga en la historia del béisbol quisqueyano.

Sosa lo comenzó. Ese viernes por la noche en Cincinnati, en la séptima entrada, con el marcador en contra.

¿Cómo afecta esto a los dominicanos en el exterior?

El legado de Sammy Sosa es uno de los vínculos más sólidos entre la diáspora dominicana y la identidad nacional. Para los más de 2.4 millones de dominicanos en Nueva York, Nueva Jersey, Massachusetts, Florida y Filadelfia, el béisbol es cultura, no solo deporte. La temporada 1998 de Sosa es un punto de referencia generacional entre quienes emigraron en esa década: muchos recuerdan exactamente dónde estaban cuando él conectó su jonrón 66. Hoy, Juan Soto —firmado por US$765 millones con los Mets de Nueva York— es el sucesor natural de esa narrativa, y la comunidad dominicana en el noreste de Estados Unidos lo sigue con el mismo fervor con que siguió a Sosa hace 25 años.