
Por Maxwell Reyes | Noticia.do
SANTIAGO.-El conflicto militar que estalló el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán no es una guerra por petróleo ni por democracia: es una jugada estratégica de Washington para asfixiar económicamente a China. Así lo sostiene Iván Ernesto Gatón, analista geopolítico dominicano con más de dos décadas de cátedra en el Ministerio de Defensa de la República Dominicana, en un análisis que resulta más vigente que nunca ante los efectos que ya siente la economía nacional.
"Cuando usted une todo lo que hay en el tablero, se da cuenta de que esto es contra China", afirmó Gatón. "Venezuela debilita a China, Irán debilita a China; Estados Unidos tiene una estrategia que lo dice claramente: mi enemigo es China."
Ormuz: la yugular energética del mundo
El corazón del argumento del analista santiaguero está en el estrecho de Ormuz, una franja de 33 kilómetros por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Lo crucial no es que Irán produzca ese petróleo, sino que todos los barcos que salen de Qatar, Emiratos Árabes, Omán y Arabia Saudita tienen que pasar frente a aguas territoriales iraníes.
China es el mayor importador de petróleo del mundo y una parte significativa de sus compras transitan precisamente por esa vía. Según declaraciones del propio presidente Trump, Beijing obtiene el 90% de su petróleo a través de ese estrecho. Al bloquearlo o desestabilizarlo, Washington pone a China contra las cuerdas sin disparar un solo misil hacia Pekín.
Irán se ha convertido en el epicentro de esa disputa no por su poder económico o militar intrínseco, sino porque ocupa una posición geopolítica crítica dentro de la confrontación entre las grandes potencias.
Gatón añade otra dimensión menos discutida: Irán no solo controla el paso del petróleo, sino también rutas logísticas clave para fertilizantes (urea) y medicamentos que transitan desde el sur asiático e India hacia el resto del mundo. "La urea que se utiliza para la agricultura en los fertilizantes viene de ahí", advirtió el analista, señalando que el impacto de este conflicto trasciende con creces el precio de la gasolina.
Una estrategia que lleva décadas en el libreto
Gatón recuerda que la semilla del conflicto se sembró en 1953, cuando la CIA y el MI5 británico derrocaron al primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh tras su intento de nacionalizar el petróleo. Desde entonces, la relación entre Irán y Occidente no ha conocido la paz.
"Esto no es solo de Trump. ¿Quién puso a Irán en el ojo? Bush hijo, cuando dijo el eje del mal. Ninguno de los del eje del mal ha sobrevivido", señaló Gatón, citando la secuencia que llevó a la caída de Saddam Hussein en Irak, Muamar al Gadafi en Libia, Bachar al Asad en Siria y ahora los ayatolás en Irán. El conflicto inició el 28 de febrero de 2026 con una serie de bombardeos aéreos sobre varias ciudades de Irán, mientras estaban en curso negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán.
Para el analista, la clave estratégica que Trump busca es romper la alianza Rusia-China, siguiendo la tesis de Henry Kissinger de mantener a Moscú más cerca de Washington que de Pekín. "Cuando Obama y Biden alejaron a Rusia, unieron a Putin y Xi Jinping. Esa alianza es un problema enorme: 17 millones de kilómetros cuadrados más 9 millones, con todo lo que Rusia tiene y China necesita."
El bolsillo dominicano paga la factura geopolítica
Lo que ocurre en el estrecho de Ormuz no es ajeno a Santiago, La Romana ni Barahona. Economistas coinciden en que en países importadores de petróleo sin capacidad de absorber los choques, como República Dominicana, no queda otra que trasladar todo el impacto a los consumidores.
La evidencia ya llegó a las bombas de combustible. El MICM dispuso para la semana del 14 al 20 de marzo un subsidio de RD$1,189.8 millones para limitar el reajuste en gasolinas y gasoil a RD$5.00 por galón, manteniendo congelado el GLP. Es el mayor esfuerzo fiscal de contención desde la pandemia, pero los analistas advierten que podría ser insostenible si el conflicto se prolonga.
El economista Antonio Ciriaco Cruz, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UASD, estima que por cada dólar que sube el barril, la factura petrolera del país se incrementa en cerca de US$44.8 millones. Con el Brent superando los 106 dólares esta semana —frente al precio de referencia de 47.8 dólares en que se elaboró el Presupuesto 2026— la presión sobre las finanzas públicas dominicanas es severa.
Las remesas también resienten el golpe: en febrero, República Dominicana recibió 887.9 millones de dólares, unos 29.4 millones menos que en febrero de 2025, cifra que el Banco Central atribuye a las presiones inflacionarias que el alza del petróleo genera en los hogares de la diáspora.
¿Qué sigue?
Gatón advierte que el escenario no se resolverá rápidamente. El mundo occidental está fragmentado —la OTAN dividida, Europa sin cohesión energética, China expectante— y esa fractura beneficia a quienes apuestan por el desgaste prolongado. El estrecho de Ormuz podría tardar entre uno y tres meses en volver a estar completamente operativo incluso si la guerra terminara hoy, según analistas del sector energético.
Para el analista dominicano, la lección de fondo es geopolítica: "Cuando usted no está en la mesa, usted es el menú. El mundo se está decidiendo en el Pacífico, y los que vamos a pasar trabajo somos los occidentales." República Dominicana, como importador neto de petróleo sin voz en ese tablero, enfrenta el reto de blindar su economía mientras otros juegan la partida grande.
El Ministerio de Industria, Comercio y MiPymes (MICM) anunció que continuará monitoreando las condiciones del mercado internacional para ajustar su política de subsidios conforme evolucione la situación geopolítica.
