SANTO DOMINGO. (Noticia.do) El geólogo e ingeniero Osiris de León afirmó que República Dominicana “ha heredado una cultura del simplismo en el drenaje”, al cuestionar las soluciones puntuales que, a su juicio, no resuelven de fondo las inundaciones urbanas en la capital, en medio de una semana marcada por lluvias, alertas meteorológicas y suspensión preventiva de clases. La discusión tomó fuerza mientras las autoridades educativas suspendieron docencia en zonas bajo alerta por una vaguada y luego anunciaron la reanudación para este viernes 10 de abril.

De León sostuvo durante una entrevista en el Show del Mediodía que durante años se ha asumido como suficiente abrir pozos filtrantes frente a comercios o viviendas, cuando eso apenas representa una salida temporal. En su planteamiento, la solución estructural pasa por rediseñar el drenaje pluvial de Santo Domingo con obras que permitan conducir y absorber el agua con mayor rapidez.

El especialista intervino en una conversación pública sobre los efectos de las lluvias de esta semana, luego de que el COE colocara provincias en alerta amarilla y verde por la incidencia de una vaguada, y de que el Ministerio de Educación adoptara medidas preventivas en varias demarcaciones.

Osiris de León y el drenaje pluvial en Santo Domingo

El punto central de su diagnóstico es que el urbanismo fue sellando el drenaje natural del terreno. Según explicó, sectores como Naco y Piantini no dependían históricamente de ríos, arroyos o cañadas visibles porque la geología de la zona facilitaba el filtrado natural, pero ese comportamiento cambió con la expansión de edificios, calles, aceras y superficies duras.

Por eso, Osiris de León plantea que el Gran Santo Domingo necesita infraestructura alternativa y no remedios aislados. Entre las opciones que mencionó están las galerías abiertas para conducir agua hacia el litoral sur y las trincheras rellenas de grava, cubiertas con jardinería, en áreas donde no sea viable abrir corredores mayores. En ambos casos, la idea es devolver capacidad de desagüe a una ciudad que hoy drena peor que antes.

Su señalamiento también aterriza en un momento sensible. El 8 de abril, el COE informó que mantenía cinco provincias en alerta amarilla y 11 provincias más el Distrito Nacional en verde por aguaceros, tormentas eléctricas y ráfagas de viento asociados a la vaguada. El MINERD, por su lado, mantuvo la suspensión de docencia en provincias bajo alerta amarilla para el jueves 9 y luego comunicó que las clases se reanudaban este viernes en todo el país.

Lluvias en República Dominicana y debate sobre inundaciones

La frase sobre el “simplismo en el drenaje” conecta con una preocupación que volvió a la calle esta semana: no solo cuánto llueve, sino qué tan preparada está la capital para evacuar el agua cuando se concentran los aguaceros. En la conversación pública, la crítica se desplazó desde el pronóstico del tiempo hasta la planificación urbana y la inversión pendiente en drenaje pluvial.

El interés noticioso también crece porque la suspensión de clases no fue uniforme para todo el país. En las medidas oficiales se diferenciaron provincias en alerta amarilla y verde, mientras los centros educativos recibieron instrucciones de actuar con prevención en localidades vulnerables, incluso fuera de una alerta formal, cuando existiera riesgo territorial.

En ese contexto, la intervención de Osiris de León agrega un elemento que faltaba en buena parte de la cobertura inmediata: una explicación técnica sobre por qué una ciudad puede inundarse aunque el problema parezca, a simple vista, solo meteorológico. Su tesis es que el drenaje urbano no puede seguir dependiendo de respuestas improvisadas ni de obras menores desconectadas entre sí.

La discusión queda abierta en un punto clave: si las lluvias extremas volverán a poner a prueba el sistema, la conversación ya no gira solo alrededor de alertas y suspensión de clases, sino sobre qué obras concretas necesita Santo Domingo para que el agua salga más rápido y la ciudad deje de reaccionar cada vez como si el problema fuera nuevo.