SANTIAGO— (Noticia.do) El hundimiento del Titanic ocurrió en la madrugada del lunes 15 de abril de 1912, aunque el impacto con el iceberg sucedió a las 23:40 del domingo 14 de abril. Este martes se cumplen 114 años exactos de esa colisión que partió el buque más grande del mundo en dos mitades y se llevó consigo más de 1,500 vidas al fondo del Atlántico Norte. En el Titanic viajaban españoles que iban a Cuba, latinoamericanos que cruzaban hacia Nueva York, y al menos uno que no habló inglés y pagó con su vida la diferencia.

El barco que nadie creyó que se hundiría

El 10 de abril de 1912, el Titanic zarpó del puerto inglés de Southampton en su viaje inaugural hacia Nueva York bajo el mando del capitán Edward Smith, un veterano de la White Star Line para quien ese iba a ser su último viaje antes de jubilarse. A bordo viajaban 2,208 personas entre pasajeros y tripulación.

El tiempo estaba en calma: había algo de viento y poco oleaje. No había Luna, lo que hacía la noche más oscura. A pesar de las advertencias sobre icebergs, el capitán Smith decidió no reducir la velocidad; el barco navegaba a 22,5 nudos. Ese invierno había sido más suave, y los icebergs habían derivado más al sur de lo habitual.

A las 23:40 del 14 de abril, el vigía divisó el iceberg. Era demasiado tarde para girar. El iceberg rozó el buque abriendo las placas de estribor con seis brechas bajo la línea de flotación. Cinco de sus 16 compartimentos estancos comenzaron a inundarse, hundiéndose poco a poco la proa mientras la popa se elevaba a lo largo de las más de dos horas y media que duró la hecatombe.

A las 2:17 de la madrugada del 15 de abril, el Titanic se partió en dos. Unas 1,500 personas murieron por ahogamiento e hipotermia. Solo 700 sobrevivieron.

El idioma que mató y el idioma que salvó

Dentro de ese número están 10 españoles. Y su historia revela algo que los libros de historia rara vez mencionan: en el Titanic, saber inglés era una cuestión de vida o muerte.

Aunque una gran parte de los pasajeros eran británicos o irlandeses, también había pasajeros de otras muchas nacionalidades, incluyendo a diez españoles. De ellos, cuatro viajaban en primera clase, cinco en segunda y el décimo era un tripulante.

Encarnación Reynaldo destacaba entre los pasajeros españoles de segunda clase porque era la única que hablaba un buen inglés, ya que tenía una hermana en Nueva York. Esto fue muy importante ya que las instrucciones que dio la tripulación, así como las señales del barco, estaban solamente en ese idioma, y probablemente les salvó la vida a ella y a los otros cuatro españoles que viajaban en segunda clase.

Curiosamente, se salvó el 70% de los pasajeros españoles —y el 100% de las mujeres—, un porcentaje que dobla con creces la media del resto de nacionalidades.

El único tripulante español no corrió la misma suerte. Juan Monros, barcelonés de 20 años, había sido contratado como ayudante de camarero del restaurante más lujoso del Titanic. La noche del naufragio, tras atender una cena especial en honor al capitán Smith, Monros y todo el personal del restaurante quedaron atrapados en un largo corredor de tercera clase donde otros miembros de la tripulación les impidieron acceder a la cubierta de botes. Su cuerpo fue rescatado del Atlántico una semana después.

Los latinoamericanos que nunca llegaron

El mexicano Manuel R. Uruchurtu, el argentino Edgardo Andrew y los uruguayos Ramón Artagaveytia, Francisco Carrau y José Pedro Carrau integran la lista de los latinoamericanos que embarcaron en el Titanic. Todos en primera clase. Ninguno sobrevivió.

La historia de Edgardo Andrew tiene un detalle que persiste: según testigos, ya tenía puesto su chaleco salvavidas cuando vio a una pasajera desesperada sin uno. Se lo entregó. Se lanzó al mar.

Quien sí logró sobrevivir fue la camarera argentina Violeta Jessop, nacida en 1887 de padres irlandeses, quien además fue testigo de los accidentes de otros dos transatlánticos de la White Star Line. Sobrevivió tres hundimientos en total.

Cuatro españoles que sobrevivieron viajaban hacia Cuba: Julián Padró, Emilio Pallás y las hermanas Florentina y Asunción Durán. El barco Carpathia los recogió y los trasladó a Nueva York, desde donde una compañía naviera les costeó el viaje hasta La Habana. Al llegar, juraron que nunca volverían a abordar un buque.

También iba en primera clase Servando Ovies Rodríguez, asturiano residente en La Habana que había viajado a Europa a comprar mercancías para su negocio. Aprovechó la oportunidad de regresar en el Titanic. No llegó.

114 años después

Poco después del hundimiento del Titanic, el gobierno de Estados Unidos creó una comisión de investigación para identificar las causas y la responsabilidad por el desastre. Comenzó el 19 de abril de 1912 y finalizó el 25 de mayo. El resultado fue una transformación completa de las normas de seguridad marítima internacional.

Tras el hundimiento del Titanic, fue creada el 20 de enero de 1914 la Patrulla Internacional del Hielo, bajo la autoridad de la Guardia Costera de Estados Unidos. Desde 1912, no ha habido fallecimientos en catástrofes marítimas relacionadas con icebergs.

El Titanic descansa a 3,800 metros de profundidad en el Atlántico Norte. Los restos se deterioran a un ritmo acelerado por bacterias que consumen el hierro del casco. Los científicos estiman que el barco podría desaparecer por completo antes de finales de este siglo.