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¿Por qué el mundo tiene los ojos puestos en Irán?
SANTIAGO (Noticia.do) Irán ocupa hoy el centro del tablero geopolítico mundial. Sus decisiones afectan el precio del petróleo, la estabilidad de Medio Oriente y las relaciones entre las grandes potencias. Para República Dominicana, un país que importa el 100% de sus combustibles, lo que ocurre en Teherán no es un asunto lejano: se traduce directamente en el precio del gas, la electricidad y los alimentos.
Entender el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel requiere mirar atrás. No semanas ni meses. Décadas.
La Revolución Islámica de 1979: el punto de quiebre
Todo comienza el 1 de febrero de 1979, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini regresa a Teherán tras 15 años de exilio. La monarquía del sha Mohammad Reza Pahlavi, aliado incondicional de Washington, cae en cuestión de días. Irán deja de ser el gendarme de Estados Unidos en el Golfo Pérsico y se convierte en su principal adversario regional.
El golpe simbólico más duro llega en noviembre de ese mismo año: estudiantes revolucionarios toman la Embajada de Estados Unidos en Teherán y retienen a 52 diplomáticos durante 444 días. La humillación marca a Washington de manera permanente. Desde ese momento, las relaciones entre ambos países no se han normalizado.
Lo que muchos ignoran es que antes de 1979, Irán era uno de los aliados más cercanos de Israel en Medio Oriente. El sha mantenía relaciones diplomáticas con Tel Aviv, compraba armamento israelí y permitía operaciones conjuntas de inteligencia. La revolución destruyó ese vínculo de raíz. Jomeini declaró a Israel un Estado ilegítimo y convirtió la causa palestina en pilar de la identidad de la República Islámica.
La guerra Irán-Irak (1980-1988): ocho años que definieron una generación
Apenas un año después de la revolución, Irak —con el respaldo silencioso de Estados Unidos y los países del Golfo— invade Irán. La guerra dura ocho años, deja más de un millón de muertos y forja en la sociedad iraní una identidad de resistencia que persiste hasta hoy.
Durante ese conflicto, Washington apoyó a Saddam Hussein con inteligencia satelital, armas y financiamiento, mientras Irán quedaba aislado internacionalmente. El resentimiento generacional que ese episodio produjo en Irán no ha desaparecido.
El programa nuclear: la gran apuesta de Teherán
A partir de los años noventa, Irán desarrolla en secreto un programa nuclear que el gobierno presenta como civil —para generación de energía— pero que Occidente e Israel interpretan como el camino hacia la bomba atómica.
En 2002, un grupo opositor iraní exiliado revela la existencia de instalaciones nucleares clandestinas en Natanz y Arak. El mundo cambia. Israel declara que nunca permitirá que Irán obtenga armas nucleares. Estados Unidos impone sanciones económicas que se van endureciendo con los años.
El programa nuclear convierte a Irán en el problema central de la seguridad global durante dos décadas. Todo lo demás —las milicias, el petróleo, las alianzas— orbita alrededor de esa pregunta: ¿tiene Irán o no tiene la bomba?
El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA): el momento de esperanza
En julio de 2015, tras años de negociaciones, Irán firma con Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China el llamado Plan de Acción Integral Conjunto, conocido como JCPOA por sus siglas en inglés. El acuerdo limita el enriquecimiento de uranio iraní a cambio del levantamiento parcial de sanciones.
Es el momento de mayor distensión en décadas. El presidente Barack Obama lo presenta como un triunfo diplomático. Irán accede a inspecciones internacionales. Los precios del petróleo reaccionan. La comunidad internacional respira.
Pero el acuerdo tiene un enemigo declarado: Israel, cuyo primer ministro Benjamin Netanyahu lo califica de error histórico. Y tiene un reloj: las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.
Trump rompe el acuerdo (2018): el regreso de la máxima presión
En mayo de 2018, el presidente Donald Trump retira a Estados Unidos del JCPOA de manera unilateral y reinstala las sanciones más duras de la historia contra Irán. La estrategia se llama "máxima presión" y busca colapsar la economía iraní hasta forzar una renegociación o un cambio de régimen.
El efecto es devastador para la economía iraní: el rial colapsa, la inflación supera el 40%, las exportaciones de petróleo caen a mínimos históricos. Pero el régimen no cae. Al contrario, el programa nuclear se acelera. Irán comienza a enriquecer uranio a niveles nunca vistos, acercándose al umbral del 90% necesario para fabricar una bomba.
La región responde con tensión. Ataques a petroleros en el Golfo de Omán, drones iraníes sobre instalaciones sauditas, milicias apoyadas por Teherán activas en Iraq, Siria, Líbano y Yemen.
El asesinato de Soleimani (enero 2020): la noche que cambió todo
El 3 de enero de 2020, un dron estadounidense mata al general Qasem Soleimani en el aeropuerto de Bagdad. Soleimani era el arquitecto de la influencia iraní en toda la región, el hombre más poderoso de Irán después del líder supremo Alí Jamenei.
El mundo contiene la respiración esperando una guerra total. Irán responde con misiles balísticos contra bases estadounidenses en Iraq —un ataque anunciado con horas de anticipación para evitar bajas—. Washington no contraataca. La escalada se detiene, pero la herida queda abierta.
Para Irán, Soleimani es un mártir. Para Israel y Estados Unidos, su eliminación fue la operación más significativa contra el liderazgo iraní en décadas.
El eje de resistencia: cómo Irán proyecta poder sin combatir directamente
Una de las estrategias más efectivas de Irán es lo que llama el "eje de resistencia": una red de milicias y grupos armados distribuidos por toda la región que actúan como brazo extendido de Teherán sin comprometer directamente al ejército iraní.
Hezbollah en Líbano es el ejemplo más desarrollado: un Estado dentro del Estado con decenas de miles de cohetes apuntando a Israel. Los Houthis en Yemen, que atacaron con drones y misiles a Arabia Saudita e interrumpieron el tráfico marítimo en el Mar Rojo. Las milicias chiítas en Iraq que hostigaron bases estadounidenses. Hamas en Gaza, que aunque no es organización chiíta, recibe armamento y financiamiento iraní.
Esta arquitectura permite a Irán presionar a sus adversarios, mantener capacidad de disuasión y evitar una confrontación directa que podría destruirlo.
Israel e Irán: la guerra en las sombras
Durante años, Israel e Irán libraron una guerra encubierta que los dos países negaban públicamente. Asesinatos de científicos nucleares iraníes atribuidos al Mossad. Explosiones misteriosas en instalaciones militares dentro de Irán. Ataques cibernéticos —el virus Stuxnet, desarrollado por Israel y Estados Unidos, destruyó miles de centrifugadoras nucleares iraníes en 2010.
Del lado iraní: ataques contra embajadas israelíes en terceros países, financiamiento de grupos que operan contra intereses israelíes, amenazas constantes de borrar a Israel del mapa.
La guerra de octubre de 2023 —cuando Hamas atacó Israel desde Gaza— llevó esta confrontación a otro nivel. Israel respondió con una campaña militar en Gaza que se extendió al Líbano. Irán, por primera vez en la historia, lanzó un ataque directo contra territorio israelí en abril de 2024: más de 300 drones y misiles. Israel respondió con ataques dentro de Irán. La guerra en las sombras salió a la luz.
El conflicto en 2025-2026: ¿guerra abierta o negociación?
Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, la política de máxima presión vuelve con más intensidad. Las sanciones se refuerzan, las exportaciones de petróleo iraní se reducen nuevamente y Washington vuelve a plantear como objetivo que Irán jamás obtenga la bomba nuclear.
Israel, que en 2024 demostró capacidad para atacar dentro de Irán, mantiene la presión militar. El nuevo liderazgo iraní —con Masoud Pezeshkian como presidente desde julio de 2024— busca margen para negociar sin ser percibido como débil internamente.
El escenario tiene tres salidas posibles: un nuevo acuerdo nuclear negociado, una escalada militar que derive en conflicto regional amplio, o un statu quo de tensión permanente con ataques selectivos. Ninguna de las tres está descartada.
¿Qué significa todo esto para República Dominicana?
República Dominicana no tiene embajada en Irán ni relaciones diplomáticas activas con Teherán. Pero el conflicto llega igual, por tres vías:
El petróleo. RD importa el 100% de sus combustibles. El precio del barril de petróleo reacciona a cada escalada en el Golfo Pérsico. El Estrecho de Ormuz —controlado militarmente por Irán— es el paso por donde transita el 20% del petróleo mundial. Un cierre o un conflicto armado en esa zona dispara los precios globales en horas. Cuando el galón de gasolina sube en Santo Domingo o Santiago, Irán puede estar detrás de esa alza.
La diáspora dominicana. Más de dos millones de dominicanos viven en Estados Unidos. Cualquier conflicto armado que involucre a Washington afecta directamente a familias dominicanas: remesas, movilidad, empleo. La comunidad dominicana en Nueva York, Nueva Jersey y Florida siente los efectos económicos de cada crisis internacional.
La posición diplomática. República Dominicana vota en organismos internacionales como la ONU sobre resoluciones relacionadas con Irán. La política exterior dominicana, alineada históricamente con Washington, tiene implicaciones en este tablero.
Las preguntas que más se hacen los dominicanos sobre Irán
¿Puede Irán atacar a Estados Unidos directamente? Irán no tiene capacidad para atacar el territorio continental estadounidense con misiles convencionales. Su estrategia es la presión asimétrica: milicias, ciberataques, petróleo. Un ataque directo a suelo americano sería suicida para el régimen.
¿Tiene Irán la bomba nuclear? Oficialmente no. Los organismos internacionales confirman que Irán no ha producido un arma nuclear. Pero su nivel de enriquecimiento de uranio —cerca del 60%— lo coloca a semanas técnicas de poder fabricar una si tomara esa decisión. Esa ambigüedad calculada es parte de su estrategia de disuasión.
¿Puede haber una Tercera Guerra Mundial por Irán? Es el escenario que más preocupa a los analistas. Un ataque israelí o estadounidense a instalaciones nucleares iraníes podría desencadenar una respuesta que involucre a Rusia y China, aliados de Teherán. Por eso todas las partes han mantenido hasta ahora ciertos límites tácitos, incluso en los momentos de mayor tensión.
¿Cuánto puede durar este conflicto? Los analistas más pesimistas hablan de una confrontación estructural que puede durar décadas, similar a la Guerra Fría. Los más optimistas apuntan a que las sanciones y el aislamiento económico eventualmente forzarán a Irán a negociar. La historia sugiere que ningún conflicto de esta naturaleza se resuelve rápido.
